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sábado, 25 de marzo de 2017

Lo mismo encontrarás aquí


Había una vez una anciana que pasaba días enteros en la entrada de su aldea, sentada junto a un pozo de agua, mirando la llegada de los forasteros.
Un día una joven que venía por el camino se le acercó y le preguntó:
-Yo nunca había estado en un lugar así.
¿Como son los hombres de este pueblo?
La anciana levantó los ojos, la miró de frente y replicó:
-¿Cómo eran los hombres del pueblo de donde venías?
-Ah, ególatras, machistas, descuidados. Por eso me siento contenta de haber salido de allá.
-Así son los habitantes de ese pueblo
-respondió la anciana sin inmutarse.
Un poco mas tarde, otra joven se acercó a la anciana y le hizo la misma pregunta:
-¿Como son los hombres de este pueblo?
-¿Como son los hombres del pueblo que vivías? -preguntó la anciana.
-Pues todos son buenos, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos alli que me ha dolido separarme de ellos.
-Así son los hombres de aqui -dijo la anciana de inmediato.
La primera joven, que había permanecido cerca, escuchó la conversación, se acercó a la anciana y le preguntó:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?
La anciana, con una sonrisa en los labios, le contestó:
-Cada uno lleva un universo en su corazón.
Quien no ha vivido nada bueno en su pasado, tampoco lo vivirá aquí. En cambio, aquella persona que tiene amigos felices y leales. Porque las personas son lo que hallan en sí mismas: uno siempre encuentra lo que quiere encontrar.

La culpa es de la vaca para mujeres
Anecdotas, parabolas y reflexiones sobre el poder femenino.
Marta Bernal
Jaime Lopera

viernes, 15 de enero de 2016

Ella vale nueve canoas

parabola
1
     Dos marineros amigos, Jacques y Henri, trabajaban en un buque carguero por el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. Cada vez que llegaban a un puerto, bajaban a tierra a ver y a conquistar chicas. Un día arribaron a una isla del pacífico, en la Polinesia Francesa, desembarcaron y fueron al pueblo a divertirse.
En el camino se cruzaron con una muchacha que estaba lavando ropa en un pequeño arroyo. Jacques se detiene a conversar con ella. Le hace preguntas sobre la isla, sobre las costumbres de la gente, se interesa en saber mas de ella como persona, lo que quiere hacer en la vida, lo que piensan sus padres de los forasteros y muchas curiosidades de ese tenor. La chica lo escucha con atención y va respondiendo con firmeza e inteligencia, y hasta con cierta timidez, las inquietudes de Jacques. La charla dura un largo rato.

     Henri se queda al margen de la conversación, pero al notar que esa mujer no es nada del otro mundo le dice a su amigo que no pierda el tiempo, que debe haber mas chicas bellas en el pueblo. Sin embargo, el otro insiste en continuar el dialogo y asi se va casi toda esa tarde en esa entrevista. La mujer aceptando la charla de Jacques sin dejar de hacer sus tareas con la ropa, hasta que, finalmente, le dice al marinero que las tradiciones del lugar le impiden hablar mucho tiempo con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella. Dado el caso, entonces debe hablar primero con su padre, quien es el jefe o patriarca del pueblo, Jacques acepta y le dice: -Esta bien. Llévame ante tu padre si es asi, ¡Quiero casarme contigo!